Finlandia, cinta que libera las emociones de una comunidad muxe

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Las muxes luchan por el reconocimiento de su género como un tipo más en la sociedad

En Juchitán de Zaragoza, una localidad de Oaxaca (México) poblada mayormente por indigenas zapotecas, hay un puñado de personas «sensibles, bellas y vulnerables» que pertenecen al «tercer género». No son ni hombres ni mujeres, son «muxe», «queer», aunque este término se puede extender a voluntad e incluir –según los territorios y las circunstancias- a toda o parte de la comunidad LGTBI.

Las muxes disfrutan de un respeto mayor que el que tienen los homosexuales, las lesbianas o las personas trans. Algunas se casan con mujeres y otras eligen compañeros masculinos. Muchas eligen trabajos considerados de mujeres, como el bordado o la decoración de altares votivos, y otras hacen trabajos masculinos como la joyería.

En la colectividad muxe de Oaxaca –muy volcada en una peculiar industria artesanal de una moda que se define por su espléndido colorido y algo parecido a lo que nosotros llamamos «unisex»- hay una persona llamada Delirio que se ha marcado el horizonte de Finlandia, una zona del globo terráqueo nunca vista aunque intuida como un inmenso bosque de abetos nevados en las tarjetas postales que llevan al dorso la firma de un amante lejano.

Esa Finlandia, que forma parte de las características de un realismo mágico que lleva varias décadas impregnando la literatura, el cine y otras artes del espacio latinoamericano, es la protagonista inmaterial de la película que lleva su nombre, dirigida por el mexicano Horacio Alcalá (Mejor Director en el Festival Internacional de Seattle, ‘No news from Bosnia’, ‘My Kingdom Come’, ‘Tocar las estrellas’), e interpretada por tres actores procedentes de las series: Andrea Guasch (‘Todo lo otro’), Noé Hernández (‘Narcos’) y Eric Israel Consuelo (‘Narcos México’).

Al principio, y al final de «Finlandia» asistimos a varias escenas de un terremoto. Los supervivientes de la zona, y entre ellos las muxes, ayudan a separar los cadáveres, ayudar a los heridos y echar una mano en la recuperación de personas y objetos.

En ese contexto prosigue  la lucha de las muxes por el reconocimiento de su género mientras se ocupan de las personas mayores y se expresan en la creación de su propia ropa, diseños que frecuentemente les roban los representantes de la gran  industria del textil internacional, como esa joven diseñadora española, Marta (Andres Guasch, ‘El juego del ahorcado’, ‘Esto no es una cita’), que se ha desplazado a la zona con intención de copiar los bordados y se ve envuelta en el terremoto emocional que provoca el seísmo. Entre destrozos, gritos y polvo, el contacto con la muxe Amaranta, sus relaciones y sus frustraciones, dará un nuevo sentido a su vida.