Por Pablo Ramírez Puga.

Regañado y evidenciado, esos son los términos apropiados para definir la manera en que los padres de los 43 normalistas “desaparecidos” de Ayotzinapa, trataron al siempre protagónico cura Alejandro Solalinde, quien se distingue como defensor de los migrantes en una tarea supuestamente piadosa que es bien aprovechada para generar apoyos de organizaciones defensoras de los derechos humanos y presencia como “líder de opinión”.

Solalinde gusta del protagonismo y no desaprovecha oportunidad para manifestarse más como “luchador social” que como pastor religioso.

Ahora tuvo la osadía de involucrarse en terrenos fuera de su jurisdicción doctrinal y reivindicadora de migrantes, quizá por haber bajado el nivel de intensidad de los traslados vía “La bestia” a la frontera con los Estados Unidos, debido a la obsolescencia de las vías férreas.


Y dirigió su pastoreo a Ayotzinapa, en donde 43 padres de familia están aún con la esperanza de encontrar a sus hijos y en lugar de recibir consuelo y expectativas, el padre Solalinde suelta ante los medios de comunicación que los normalistas fueron incinerados y depositados en fosas clandestinas.

Su osadía y cinismo protagónico lo llevó a apersonarse ante los padres de familia para ofrecer una misa en honor de los normalistas, quienes con justicia reclamaron al sacerdote su protagonismo y falta de tacto al no aportar pruebas concretas y destruir la esperanza de quienes aún creen y desean que sus hijos estén con vida.

Solalinde, ante la justificada reacción, tuvo que hacer mutis y con “la sotana entre las patas” se vio obligado a retirarse.

Justo reclamo y evidenciada para quien manipula la defensa de los derechos humanos y saca raja de ello.


Que aprendan todos aquellos que engañan al pueblo con poses demagógicas y se miren en el espejo de Solalinde, un mortal demasiado mundano que se aprovecha de la ignorancia, necesidad y buena fe de la gente….

rampuga@prodigy.net.mx
confusiopuga@hotmail.com

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