MASACRE EN TLATELOLCO


LA OPINION DE PIÑÓN

*Díaz Ordaz, historia indeleble de traición y cobardía

NO debe sorprendernos que a 46 años de aquel baño de sangre en Tlatelolco no se olvide. En su locura el presidente Gustavo Díaz Ordaz ordenó masacrar a miles de estudiantes. Los sobrevivientes han escrito la horrible tragedia de la que las nuevas generaciones hicieron conciencia.

Como escribió el poeta César Vallejo: “Abrieron zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte, como los potros de bárbaros Atilas; o los heraldos negros que nos manda la Muerte…


El 2 de octubre de 1968, ¡no, jamás se olvidará!.

Aunado a esa cicatriz que sangra cada año ahora sacude al país la masacre de jóvenes estudiantes en Iguala Guerrero y la desaparición de 57 estudiantes normalistas, que si no aparecen es que han sido fusilados y echados al mar, como en los tiempos de Díaz Ordaz.

Pareciera que cada determinado tiempo la magia ancestral de Huixilopoztli, pidiera la sangre de los jóvenes mexicanos que ofrendan aquellos gobiernos de mentalidad robotizadas no sabemos porque mentalidad de locura.

Aquel 2 de octubre recordamos a los niños, padres de familia de los jóvenes a quienes acompañaron sus padres, felices gritando consignas, la única manera que tenemos los mexicanos para desahogar nuestro coraje o infortunio, contra la traición del gobierno a la democracia y la grave crisis económica. Como hoy en el estado de Guerrero todos marchaban celebrando felices abrazados y con la novia o el amigo rumbo a la caverna infernal de la plaza de Tlatelolco. Tronco y raíz genealógico de nuestra histórica tragedia nacional Algunos involucrados aún viven. Actores y traidores.


Ahí están los sobrevivientes que sirvieron al gobierno, fue su lealtad –suya, su verdad; su forma de pensar que es respetable. No siguieron a los estudiantes que formaron en el país los Comités de Lucha, Consejos colegiados. O la Federación de Estudiantes Técnicos en contra del gobierno.

Por cierto que a esta representación se formó otra que promovieron a Luis Echeverría, que dirigieron Cecilio de la Cruz Pineda y José Murat, que fue la FENET “charra”, como la llamaron; rendían cuentas directas al Secretario de Gobernación Luis Echeverría Álvarez y a Fernando Gutiérrez Barrios, quien por cierto murió incierto porque “sabía demasiado”.

Echeverría, fue presidente de la república. Cecilio y Murat fueron los primeros jóvenes diputados federales, que asesoraba Carlos Sansores Pérez, entonces Presidente de la Cámara de senadores.

Aquel 2 de octubre fueron perseguidos los líderes estudiantiles en todo el país.

Vivimos la tragedia. Como ahora la de los “desaparecidos”, otros encarcelados y los más a salto de mata. María Antonieta Chagoya, delegada de la TRIBUNA DE LA JUVENTUD de la UABJO, el que fue su esposo “El Pato Lucas”. Los Gasga

Iturribarría, dirigentes y miembros de grupos culturales también perseguidos al que pertenecimos como Delegados en la región del Istmo. Nombres que aún quedan indelebles como el de nuestro amigo Raúl Alvarez Garín, quien acaba de fallecer.

¡Ya no clamó justicia!, como todos los años.

¡Sí!, nadie olvida a Díaz Ordaz este 2 de octubre. Murió el 15 de julio de 1979, de un terrible mal por guardar tanto odio.

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